PESO Y EMOCIONES

Nuestras emociones tienen un peso, muchas veces lo sentimos en los hombros, en el cuerpo, en las piernas, en brazos o incluso en nuestro estómago, si ahí en el estómago o no haz sentido que en ocasiones se retuerce o como dicen popularmente te suenan las tripas cuando te dan una noticia inesperada.

CUERPO HUMANO

Nuestro cuerpo físico es un vehículo por el cual transcurrimos la vida, y tal como funciona con un vehículo de motor el cual requiere de buena gasolina, de un buen mantenimiento, de un aseo adecuado y de otras actividades que conllevan a que este en buenas condiciones, para el caso del cuerpo humano, la gasolina son los alimentos, el mantenimiento son las revisiones periódicas a nuestras emociones y el aseo adecuado no sólo habla del ejercicio y del cuidado de esta máquina si no también la forma de honrarlo haciéndolo descansar cuando requiere hacerse.

Cuando tu no le das los cuidados necesarios al vehículo de motor, este empieza con fallas que luego repercuten en daños mayores, pues bien, así es nuestro cuerpo, cuando callamos las emociones que sentimos entra en un estado de fallas, dentro de ellas el peso, cuando no gestionamos de forma adecuada tus emociones te las empiezas a comer y cuando no lo haces consciente llegan los daños mayores, enfermedades como diabetes, hipertensión, obesidad entre otras son asociadas a este tipo de eventos.

NO TE TRAGUES TUS EMOCIONES

Si no sabes cómo te empiezas a comer tus emociones, revisa con cuidado cuando te apetece comer un dulce, un frito, una bebida azucarada y demás alimentos que están llenos de azúcares y grasas y podrás notar que normalmente funciona por una manera no adecuada de la gestión de la emociones, por eso, es común encontrar personas que cuando se sienten tristes acuden a los chocolates como manera de compensar su tristeza, otros, en medio de celebración acuden a restaurantes a consumir gaseosas y alimentos con exceso de grasa para completar esa sensación de alegría.

Una vida sana implica masticar y digerir nuestras emociones, respetar los espacios a solas contigo mismo, llorar cuando tu cuerpo pide hacerlo, solicitar apoyo cuando requieres del otro para una opinión distinta a la tuya, de esa forma liberamos emociones.